martes, 2 de marzo de 2010

PSICOPÁTA DE LAS PALABRAS







Vivo controlando esos sentimientos aterradores, aparentando frente al mundo, cada día, cada instante… Pero no hay manera de prever en qué momento saltarán a la superficie, arrebatadores e impetuosos como siempre, dispuestos a devorar cada centímetro de mi cordura. Avanzan, lentos al principio para luego cabalgar velozmente hacia una desembocadura en el Abismo.


Caminan a sus anchas por los márgenes de la realidad, mientras mis sentidos se fusionan con los gritos de la soledad las palabras escapan de mi cerebro fluyendo hacia la tórrida punta de mi músculo principal, el miembro indispensable, poseedor del gusto y la avidez; mi afilada lengua recibe con placer el sabor de unas palabras que luchan pese a todo, contra todo, por salir y escapar, por volar libres e ilícitas. En el último segundo una fuerza desconocida las apresa evitando que tan puros sentimientos se materialicen en el sonido impúdico de una voz que nunca los ha merecido, pues no están concebidos para perderse en la efímera sonora de la palabras dichas, ni en este tiempo ni en los venideros.
Como flemas vomitadas vuelven cargadas de hiel a mi cerebro, contaminando todo lo que tocan, cada pensamiento con el que se cruzan, idea atormentada se vuelve ponzoña. Y saben amargas, acidas… Tan acidas que no pueden sino provocar arcadas, de modo que un nuevo torrente comienza a deslizarse, pero redirigido en este caso hacia una la verdadera vía de escape. Se encaminan los conceptos y revelaciones malignas hacia las ardientes bifurcaciones de mis manos, siento como me queman las yemas de los dedos y busco a tientas el medio de liberarlas, ya no importa si es papel o teclas, sólo claman por salir.



Sí, me satisface. Me satisface de un modo casi obsceno la denuncia por mis pensamientos concebida y por mis manos dada forma, me emociona sobremanera el modo en el que las palabras resuenan acusadoras en las mentes ajenas, porque no hay nada más hiriente y estimulante que oír todo aquello que te niegas a admitir siendo recitado por la voz de un subconsciente malhumorado y recluido, eludido y abandonado. Es algo jodidamente atrayente, he soñado una y mil veces con observar a las víctimas de mis creencias, casi como un Dios omnipotente frente a ellos, invisible e inalcanzable para tan inmundos seres. Me apasiona abrir heridas mentales, porque no hay manera de aliviarlas, porque no pueden sangrar y el dolor se acumula, y de vez en cuando hace estallar alguna que otra insignificante cabecita…
El clímax de mi afición: unas palabras inmortales, universales, una voz acusadora cargada de terror y de medias verdades. Sólo deseo inundar a la humanidad con mi veneno, quiero que todo el mundo sienta el dolor supurante de mis pensamientos, quiero que mis impresiones ofendan si han de hacerlo, quiero escupir a la cara de quienes me desprecian las certezas que se niegan a reconocer y que mi cerebro se corra sobre cada uno de vosotros, ensuciando las mentes con la pegajosa esencia de mi sabiduría inventada, de mi locura desatada.





Quiero infectaros con mis teorías, soy un psicópata de las palabras. Un psicópata con complejo de mesías.



martes, 1 de diciembre de 2009

La Maravillosa Teoría de las Manzanas

Es triste ver, como una manzana pudre una caja entera, y como la visión de esa manzana te quita las ganas de volver a tocar a una de sus hermanas, menos aún hincarles el diente. Me atrevo a decir que somos manzanas. Unas mas verdes, símbolo de inexperiencia sea cual sea el ámbito, siempre hay a quien le atraen estas manzanas. Otras son amarillas, pues todos sabemos lo que ocurre con los excesos y aun así no puedes resistirte a tomarlas. Las hay también rojas, digamos que son las que en plenas facultades disfrutan de la vida y quedan lustrosas junto a las demás, invitándote a agarrarlas, sacarles brillo, clavar en ellas tus dientes y dejar que su jugo rebose por tus labios y sentir como crujen a cada mordisco…Nunca te cansarías de esas manzanas. ¿Pero qué ocurre con aquellas que siendo rojas fueron olvidadas? Esas que quedaron en la caja cuando ya nadie quería manzanas, rechazadas, demasiado pequeñas o de un color intermedio y menos apetitoso…en serio, ¿qué es de ellas?

Yo te diré que ocurre. Se pudren. Se arrugan y marchitan cual flor maltratada, envejecen y pasan del brillante rojo al marrón más nauseabundo y nadie las mira, y en consecuencia nadie mira el conjunto de la caja, y es así como la gente reniega y se olvida de las manzanas a favor de otro fruto más apetecible. He de repetir que somos manzanas, manzanas y a la vez consumidores de fruta. Nadie quiere ser una manzana podrida, del mismo modo que nadie es consciente de serlo hasta que ya es demasiado tarde. En muchas ocasiones una manzana que empieza a pudrirse decide que todo está perdido, y creyendo que ya no será elegida nunca quiere vengarse de su destino arrastrando a otras manzanas a su misma suerte. Esta manzana rencorosa esconde, girándose lentamente, la fuente de su podredumbre de modo que la oculta a las demás manzanas y estas no sospechan de ningún modo el peligro al que se enfrentan acercándose a ella hasta que es demasiado tarde y ellas mismas están podridas.

¿Qué hacer entonces? Existen dos opciones claras, pero antes hemos de darnos cuenta de nuestra situación. Ya estamos podridas, es algo que inevitablemente se incrementará. Podemos refugiarnos en el rencor, aliarnos con esa que nos contagio hasta que todas estén podridas y precipitarnos a un mismo destino, no agradable pero si igual para todas las desdichadas manzanas próximas a nosotras. Esta es la opción fácil, apenas requiere esfuerzo y no estamos solos a la hora de llevarla a cabo.

La otra opción es más complicada. Consiste en dejar bien visible la podredumbre que nos daña, y esperar a ese consumidor de fruta que no se fija únicamente en la manzana que más brilla, si no en aquellas que a peligro que acabar completamente podridas, aún pueden recuperarse. Quien se fija en la manzana medio podrida, esa que no se oculta, será incapaz de dejarla en la caja a su suerte y tal vez, esa manzana una vez extraída la parte podrida, resulte ser la más sabrosa de todas, esa que por culpa del rencor y maldad ajenas estuvo a punto de perder la oportunidad de ser salvada.



Tú eres esa maldita manzana podrida que está condenando al resto, pero calma... las sacaré a todas de la caja, una a una y te daré la vuelta para que tu odio quede visible, entonces no tendrás más compañía que tu podredumbre y acabarás en un pestilente cubo de basura.




viernes, 14 de agosto de 2009

Capitulo 2º: Confinación, huida y castigo.

La princesa contemplaba aburrida el vasto reino que se extendía más allá del lúgubre castillo. Día tras día su padre le forzaba a tomar exhaustivas lecciones con la excusa de “instruirla” en el arte de gobernar la que un día sería su herencia. Sin embargo ella conocía la finalidad de tal tarea, sólo querían mantenerla ocupada, confinada entre las mohosas paredes de su cárcel dorada, mientras su piel se marchitaba como las flores ante la falta de luz solar; jornada tras jornada permanecía en el oscuro estudio, almacenando datos inútiles en su memoria, disponiendo apenas de unos minutos al día para sentarse bajo su amado astro rey, antes de que los carceleros corrieran hacia ella blandiendo las cadenas de su castigo no merecido.

De nuevo la princesa había escapado al jardín, de nuevo se encontraba inerte sobre el lustroso césped a medio camino entre la insolación y el desmayo. Por más que las criadas ponían cuidado en que la joven heredera no abusase del sol por el bien de su salud, ella seguía corriendo como alma que lleva el demonio hacia el exterior, hiriendo con uñas y dientes a quienes trataran de impedírselo. No era ni la primera ni sería la última vez que en volandas hubiera de ser llevada a su lecho y tratada con paños fríos para hacerla recuperar el conocimiento.

¡Encima esto! Si no fuese suficiente el confinarla eternamente en tan sombrío lugar, osaban además a erradicar de su cuerpo el poco calor que lograba arrancar del cielo. ¿Cuál era su pecado?, ¿nacer?, tal vez ¿no ser el varón que sus padres deseaban?, ¿a que venían tales torturas?...si tan sólo llegara la muerte, y diese fin a una existencia tan miserable... No importaba la resistencia que intentase oponer, ellas, las carceleras, eran siempre más fuertes y numerosas y no dudaban en golpearla hasta dejarla inerte…

…era imposible contenerla, gritaba hasta desgañitarse, ignoraba la sangre ajena que cubría sus manos tras rasgar el rostro de las criadas con sus afiladas uñas, se convulsionaba peligrosamente entre los brazos de las doncellas que le suplicaban que parase…No había nada que hacer, ella siempre acababa histérica, apretando con fuerza su garganta por el dolor que le provocaban sus propios gritos. Aterradas, las sirvientas terminaban por soltarla con expresiones de sufrimiento en el rostro, viendo como ella misma se provocaba desmayos al no controlar su fuerza.

De nuevo caía…ojalá esta vez nada la sujetase, ojalá este fuera el final. No lo sería, pues ya oía de nuevo esas maliciosas risas.

Llantos, no importa cuantas veces fueran testigos de tal desgracia. Ellas sufrían más que su princesa las heridas cuando se autolesionaba tan cruelmente.




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