viernes, 12 de marzo de 2010

Capitulo 4º: Libertad, felicidad y destino.

Los monarcas y burgueses parientes de las niñas masacradas pidieron a gritos venganza por su muerta descendencia. El deseo de ver correr la sangre de la princesa por la cuchilla de la guillotina podía verse reflejado en los ojos enrojecidos de Duques, Condes y Lores. Por todas partes resonaban los tambores de una guerra dramática. Ya nada podía asegurar la pervivencia de la princesa pues su locura la había convertido en la más joven y sanguinaria asesina de todo el reino.

Sentía algo nuevo y puro en su interior. La habían arrancado de su victoria sin apenas darle tiempo a disfrutarla, pero no le importó en absoluto, pues todo a su alrededor parecía haber cambiado, sus carceleros rezumaban respeto y aquel torturador que por pretexto tenía el haberle dado vida, parecía cansado de infligirle daño. La princesa podía disfrutar ahora de sus dos libertades, ya nadie parecía estar interesado en ella tal y como ella nunca había estado interesada en nadie.

El Rey meditaba angustiado el destino de la princesa, debatiéndose entre la muerte de una hija que jamás le había querido y el alivio de unos padres que habían perdido a sus queridas hijas. El porvenir del reino no importaba ya en absoluto, pues nada que podía haber de bueno en el porvenir de una futura monarca demente y asesina, no obstante algo en el corazón del Rey quería mantener con vida a toda costa a su descendencia que pese a todo le era querida.

Y ahora que nadie se empeñaba en recluirla, podía correr libre por los jardines visitando una y otra vez el magnífico escenario de su libertad. Ojalá siguiese tal y como entonces haciéndole más fácil recrear una y otra vez lo allí acontecido… Aún así ella saltaba de un lado a otro gesticulando y rodando por la hierba, gritando y riendo a carcajadas para acabar siempre sus representaciones hundiendo las manos con fuerza en la tierra húmeda, del mismo modo que las había hundido en el torso desgarrado de uno de aquellos monstruos. Y esa sensación de plena superación la invadía de nuevo de un modo adictivo.

Nadie tenía ahora ordenes de vigilar a la pequeña, que completamente abandonada corría y se escondía por los jardines, desaseada y desnutrida. Iba de aquí para allá procurando no ser vista, desaparecía durante largas horas y reaparecía fatigada y amoratada. Algunas criadas aunque temerosas, cuidaban en dejar caer jugosas frutas al alcance de la princesa, mientras la observaban con lastima deseando que siendo consciente de su precaria situación huyese del palacio y así tuviese al menos una opción de sobrevivir, pues poco tiempo le quedaba para disfrutar de la felicidad regalada a un condenado a muerte.

La que siempre había sido su prisión cambiaba progresivamente de forma, por fin tenía el trato que como princesa jamás había conocido, definitivamente se había superado.
Pero jamás tal felicidad fue eterna.
Una tarde dos temibles y rudos guardias le dieron caza cual cervatillo, la agarraron sin miramientos y llevaron a rastras hacia el interior de unos muros que recuperaban su fría naturaleza. Fue postrada ante el Satanás hecho persona en forma de tirano dorado y la abandonaron allí, sellando las posibles salidas, a solas con el mal.

sábado, 6 de marzo de 2010

Capítulo 3º: Demonios, locura y muerte.

Tal y como debía ser, la princesa se reunía cada tres tardes con otras jovencitas de su posición, aquellas que debieran ser sus mejores amigas y confidentes, niñas de la mejor clase y educación, sin duda la compañía más idílica que la joven heredera podía tener para su desarrollo. Cada vez se reunían en distintos lugares, todos ellos exquisitos por descontado; jardines frondosos, salas de música, grandes salones, soleadas terrazas… Ubicaciones de los distintos palacios de residencia de la infantil nobleza.

Sin excepción, contando de tres en tres, la abandonaban con pequeños demonios desalmados de caras sobrealimentadas y ojos enfermizos dispuestos a entretenerse a su costa. Planeaban estos encuentros con esmero, siempre en lugares aislados sin posibilidad de huida. De este modo, el día que no sufría a merced de los demonios infantes, sufría en soledad ante el terror de la siguiente terapia.

Estaba previsto que estas reuniones las pequeñas compartiesen gustos y aficiones, y en definitivas la diversión de la que, por sus circunstancias reales, a diario no disfrutaban. Pero ni siquiera así la princesa parecía feliz y siempre alteraba a las otras niñas con sus extraños actos y macabros juegos. Gritaba enloquecida, y destrozaba los vestidos de las demás, mordía a conciencia y arañaba sin contemplaciones. Ya eran pocas las que se atrevían a hacerle compañía, tarde o temprano debido a su carácter se quedaría completamente sola.

Sus torturadoras la llevaban como si se tratase de un gladiador acabado para lanzarla a las bestias, allí la soltaban durante largas horas. ¡Qué extraños juegos disfrutaban las malditas! La estiraban hasta que se le desencajaban las extremidades, arrancaban a jirones su precaria cabellera y empleaban todo tipo de afilados objetos para rasgar su débil piel y entonces la sangre casi aguada la abandonaba… De algún modo esa sensación comenzaba a antojársele dulce.

La sacaron malherida de la última reunión y ensangrentada, mientras las miradas de horror de cuatro jóvenes llorosas seguían la trayectoria del delicado y moribundo cuerpo de la princesa enloquecida. Así acaban prácticamente todos los encuentros, en tragedia. No obstante solo existía un modo de hacer que la pequeña heredera se acostumbrase; repetirlos una y otra vez, convertirlos en rutina, en costumbre, algo normal y sano.

¿Nada iba detener tal abuso?, ¿sería obligada a enfrentar los demonios una y otra vez hasta la muerte? Pues lucharía, no le quedaba otra opción, no le habían dado otra opción, tendría que encontrar la manera de fortalecerse y crecer, y enfrentar tales monstruos.
Aquella tarde era el momento. Los demonios perecerían, porque o perecían ellos o sus torturas no serian suficientes, tendrían que ir más allá y llegar al final, tendrían que acabar con ella.


Nadie sabe qué fuerza demoniaca había poseído a la princesa, pero aquella última tarde el infierno se encontraba en los jardines de palacio. La verde hierba se tiño de rojo y sobre los cuerpos inertes de las otras niñas, la princesa sentada pulcramente miraba maravillada sus manos ensangrentadas.

martes, 2 de marzo de 2010

PSICOPÁTA DE LAS PALABRAS







Vivo controlando esos sentimientos aterradores, aparentando frente al mundo, cada día, cada instante… Pero no hay manera de prever en qué momento saltarán a la superficie, arrebatadores e impetuosos como siempre, dispuestos a devorar cada centímetro de mi cordura. Avanzan, lentos al principio para luego cabalgar velozmente hacia una desembocadura en el Abismo.


Caminan a sus anchas por los márgenes de la realidad, mientras mis sentidos se fusionan con los gritos de la soledad las palabras escapan de mi cerebro fluyendo hacia la tórrida punta de mi músculo principal, el miembro indispensable, poseedor del gusto y la avidez; mi afilada lengua recibe con placer el sabor de unas palabras que luchan pese a todo, contra todo, por salir y escapar, por volar libres e ilícitas. En el último segundo una fuerza desconocida las apresa evitando que tan puros sentimientos se materialicen en el sonido impúdico de una voz que nunca los ha merecido, pues no están concebidos para perderse en la efímera sonora de la palabras dichas, ni en este tiempo ni en los venideros.
Como flemas vomitadas vuelven cargadas de hiel a mi cerebro, contaminando todo lo que tocan, cada pensamiento con el que se cruzan, idea atormentada se vuelve ponzoña. Y saben amargas, acidas… Tan acidas que no pueden sino provocar arcadas, de modo que un nuevo torrente comienza a deslizarse, pero redirigido en este caso hacia una la verdadera vía de escape. Se encaminan los conceptos y revelaciones malignas hacia las ardientes bifurcaciones de mis manos, siento como me queman las yemas de los dedos y busco a tientas el medio de liberarlas, ya no importa si es papel o teclas, sólo claman por salir.



Sí, me satisface. Me satisface de un modo casi obsceno la denuncia por mis pensamientos concebida y por mis manos dada forma, me emociona sobremanera el modo en el que las palabras resuenan acusadoras en las mentes ajenas, porque no hay nada más hiriente y estimulante que oír todo aquello que te niegas a admitir siendo recitado por la voz de un subconsciente malhumorado y recluido, eludido y abandonado. Es algo jodidamente atrayente, he soñado una y mil veces con observar a las víctimas de mis creencias, casi como un Dios omnipotente frente a ellos, invisible e inalcanzable para tan inmundos seres. Me apasiona abrir heridas mentales, porque no hay manera de aliviarlas, porque no pueden sangrar y el dolor se acumula, y de vez en cuando hace estallar alguna que otra insignificante cabecita…
El clímax de mi afición: unas palabras inmortales, universales, una voz acusadora cargada de terror y de medias verdades. Sólo deseo inundar a la humanidad con mi veneno, quiero que todo el mundo sienta el dolor supurante de mis pensamientos, quiero que mis impresiones ofendan si han de hacerlo, quiero escupir a la cara de quienes me desprecian las certezas que se niegan a reconocer y que mi cerebro se corra sobre cada uno de vosotros, ensuciando las mentes con la pegajosa esencia de mi sabiduría inventada, de mi locura desatada.





Quiero infectaros con mis teorías, soy un psicópata de las palabras. Un psicópata con complejo de mesías.



LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...